El objetivo de las Smart Cities: Mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, garantizar la sostenibilidad de la gestión y los servicios.

 

La ciudad, la villa, la aldea, es una entidad multifacética. Es un espacio de vida y por tanto comprende todas las actividades humanas: de descanso, de relación, de trabajo, de ocio, de defensa, de comercio y aprendizaje… Es el espacio donde la cultura humana adquiere su verdadera dimensión social. En contraposición a la no ciudad, donde la distancia aleja entre sí a los seres humanos dificultando su dimensión social.

Es además un modelo de vida que favorece la especialización, la innovación y las transacciones económicas, los tres ejes en los que se basa el progreso cultural humano.

A lo largo de la historia también han habido otros factores que favorecen la vida en la ciudad y han ido teniendo distinto peso, seguramente las razones defensivas han prevalecido en el pasado más remoto, mientras que al final del medioevo las ventajas comerciales y productivas fueron las que modelaron el burgo, ampliadas con el paso de la artesanía a la industria tras la revolución industrial. Hoy en día todas influyen en mayor o menor medida aunque probablemente yo diría que además la ciudad actual es un producto de dos efectos adicionales muy importantes:

  • La eficacia energética: el modelo de vida en ciudad optimiza el gasto energético y cuanto más compacta sea mejor utiliza la energía, en un momento en que la energía ha adquirido un peso extraordinario en el balance económico de las personas.
  • Pero sobre todo la eficacia temporal: la ciudad determina un modelo que  reduce las distancias y los tiempos de desplazamiento. Con eso hace posible que una persona pueda ejercitar el máximo de actividades en un único ciclo diario: puede dormir, trabajar, relacionarse o aprender. En definitiva optimizar el uso del tiempo, del escaso tiempo de la vida humana. La ciudad  nos permite aprovechar el tiempo, hacer más cosas en menos tiempo, en cierta forma vivir más y el tiempo de vida es nuestro tesoro más preciado.

Al no atenerse a un caso sobre un territorio concreto, esta propuesta de implantación de una Smart City o Ciudad sostenible se presenta en un formato conceptual.

No existe un modelo único de desarrollo, sino modelos adaptados a las características  y necesidades de cada espacio territorial o administrativo, por lo que se hace preciso personalizar cada iniciativa atendiendo a sus necesidades particulares.

Estarán preparadas para convertirse en Ciudades Sostenibles, todos los territorios que tengan por objetivo el mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, garantizar la sostenibilidad de la gestión y los servicios, ser conscientes de la limitación de sus recursos y entiendan que lo que inician es un plan de desarrollo a largo plazo y que obtendrá mayor proyección y con ello mayor rentabilización, en la manera que se diseñe una estrategia inteligente y con visión de las tendencias del espacio.

El papel de la Administración Pública es fundamental facilitando un entorno que permita el desarrollo y fomento de la cultura de la innovación. Pero no son menos importantes las entidades, organismos, redes y clústeres que focalizan la generación de ideas y su plasmación en proyectos con impacto real en la vida de nuestros municipios.

Convertir un municipio en “inteligente” transciende sobre la planificación misma de lo tecnológico en sí mismo, o a de la propia implementación sectorial de tecnologías en determinadas áreas de gestión.  El modelo Smart City supone una apuesta de transformación en la manera de hacer las cosas y significa implementar progresivamente esta nueva “forma de actuar” en todos los ámbitos de gestión municipal liderando un movimiento social hacia la eficiencia, la transparencia, la competitividad y la sostenibilidad.

 

Enrique Ruz Bentué – Consultor Internacional especializado en Procesos de Modernización y Smart City.

 

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