¿Qué debemos entender cuando hablamos de “Smart City”?

Las teorías que por ahí circulan, nos dicen que son modelos de organización que permiten gestionar de forma sostenible las grandes ciudades; comprometidas con el entorno, con elementos arquitectónicos de vanguardia, y donde las infraestructuras están dotadas de las soluciones tecnológicas más avanzadas para facilitar la interacción del ciudadano con los elementos urbanos, haciendo su vida más fácil.

En la práctica, se trata de una nueva revolución urbana, de una visión holística de la ciudad, de eficiencia, de sostenibilidad, de tecnología y conectividad, de mejora de gobernabilidad, de gestión inteligente de infraestructuras y servicios urbanos, de colaboración público-privado como fórmula mágica de liderazgo, de nuevos negocios y empleos. En suma, se nos ofrece un mundo lleno de posibilidades: ciudades inteligentes para ciudadanos inteligentes.

La manera en que una ciudad se desarrolla es determinada por un conjunto de fuerzas e intereses individuales, tanto del Estado como de las organizaciones privadas, que arman una compleja trama, un amplio ecosistema de intereses y conceptos. La relación entre todos esos agentes también es dinámica, pues cambia constantemente dependiendo de las condiciones específicas de cada momento.

El principal concepto que debe ser observado dentro de la perspectiva del presente texto es que las maneras específicas de desarrollo urbano –relacionadas tanto con el uso y ocupación del suelo como también con sus características físicas y sociales– han impactado directamente en el desarrollo de la ciudad pero también han sido afectadas por un proceso de interacción.

Los principales agentes y factores que pueden explicar el desarrollo urbano y que hay que tener en cuenta para alcanzar una definición y ordenamiento óptimo y eficiente son:

  • Sistema político y económico: en la mayor parte de los casos conviven tres esferas de poder –ejecutivo, legislativo y judicial– y los gobiernos se renuevan a través de elecciones periódicas y la propiedad privada de la tierra urbana impacta fuertemente la manera como la ciudad llega a ser construida. Involucra la existencia de un gran número de empresas privadas que operan y hacen negocios en las áreas urbanas.
  • Estado: en este caso es importante evaluar al Estado observando sus políticas, a través del conjunto de decisiones y acciones tomadas en cada sector de injerencia, como educación, justicia, salud, desarrollo urbano, transporte público y tránsito.
  • Sector privado: representado principalmente por la industria en general (construcción, automotriz, comunicaciones, tecnologías en su globalidad, energética, financiera, …), en su ámbito industrial y comercial, todos con intereses específicos dentro del proceso de desarrollo urbano.
  • Individuos: personas independientes o asociadas a algún tipo de organización, con sus necesidades e intereses específicos.
  • Procesos migratorios: que pueden implicar aumento o disminución de la población de una ciudad, con impactos de todo orden en el desarrollo urbano. Dichos impactos son fuertemente relevantes, sobre todo si consideramos las enormes diferencias sociales, políticas y económicas existentes en los países en desarrollo.
  • Valor de la tierra: que condiciona la ubicación de las actividades y de la población.
  • Dinámica de la economía: principalmente en lo que se refiere al nivel de empleo, al ingreso promedio de las personas y a la apertura de nuevos negocios en la ciudad.

Los mencionados agentes y procesos interactúan de forma compleja, “produciendo” el espacio urbano en el cual vivimos e influyendo en la forma como los sistemas de transporte y tránsito son ordenados y utilizados. El desafío es, en cada situación específica, analizar cómo ese proceso se desarrolla, qué problemas relacionados con transporte y tránsito son provocados por él y cómo éstos se pueden disminuir o eliminar definitivamente.

Hasta la fecha, son las empresas meramente tecnológicas las que abordan proyectos de Smart Cities en su acercamiento a los gobernantes municipales; pero ningún óptimo resultado se alcanzará si previamente no se ha realizado un análisis profundo de las realidades que afectan a las ciudad y que arriba comentaba.

Nos dejamos un escalón sin cubrir en la mayoría de los proyectos de adecuación de las ciudades y  este es el de considerar la opinión y conocimiento que el urbanista tiene sobre el territorio, sobre quienes lo gobiernan y sobre quienes lo habitan.

Aceptemos que el urbanismo es la base para el perfecto desarrollo de un proyecto global e inteligente de ciudad, solo a partir de ahí los desarrollos alcanzarán su coste ajustado, su viabilidad y su implantación.

 

Por Enrique Ruz Bentué

eruzbent@gmail.com

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